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Martes, 4 de agosto de 2015

MUSICA › ACHO ESTOL, DOLORES SOLá Y ANTIHéROES Y TUMBAS, LO NUEVO DE LA CHICANA

“Tenés que tener anteojeras para dedicarte sólo al tango”

En su último CD coinciden aires balcánicos, un cover de “El tesoro de los inocentes” del Indio Solari, tangos, milongas, chacareras y más. “No queremos homenajear al pasado, sino proponer algo nuevo”, sostiene la cantante sobre el eclecticismo creativo de la banda.

 Por Andrés Valenzuela

Son uno de los emblemas de la “nueva” generación del tango, pero parece que no les alcanza para todos los sonidos y la poesía que llevan dentro. La Chicana –es decir, Acho Estol y Dolores Solá– lleva casi 20 años trajinando escenarios y estudios de grabación. En su última placa, Antihéroes y tumbas, concentran los rasgos más representativos de su música. Lo de “gótico surero” que subrayan no es casual: es ésa la estética de las texturas y letras que proponen. También aparecen contrastes marcados entre la ciudad y el campo, entre la(s) cárcel(es) y la(s) libertad(es). No faltan sus tópicos habituales, como el viaje para irse a ningún lugar (“Me fui”) ni los desarreglos con el propio contexto (“Bailarina rota”). Cuentan historias propias, de esas que la dupla compone y canta (“Batallas”, “Beto Asperger” y otras), y los covers inimaginables en otros, como “Lili Marlene” o “La cerveza del pescador Schiltigheim”. El conjunto de 16 temas propone un disco implacable que estarán presentando durante los viernes y sábados de agosto a las 21.30 en el Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575).

“Que el tango no nos alcanza es una buena forma de decirlo”, concede Estol, compositor y multiintérprete de cantidad de sonidos infrecuentes en el 2x4, como el banjo, el serrucho o el n’biqué. “Al comienzo tocábamos en vivo una cosa centralmente tanguera, pero al hacer el primer disco quisimos meter otros ritmos que definieron para siempre ese perfil”, recuerda Acho. “Después hasta fue una excusa para poder descansar del tango”, sonríe. Para Solá, el salto de géneros es de lo más natural. “Hoy en día es raro hacer un disco con doce temas del mismo género, sobre todo cuando uno no quiere hacer un homenaje al pasado, sino proponer algo nuevo”, destaca la voz privilegiada del dúo. “Hay un público que va a escuchar un homenaje, y otro público que está abierto a escuchar tango y otras músicas que conviven”, celebra, mientras su compañero advierte que en la concepción del grupo los géneros se funden. “El percusionista entra y sale, porque en los tangos se va a preparar unos mates”, bromea Estol. Carlos Gardel también es un faro para ellos. “Siempre ponemos su ejemplo, él hacía folklore, jimmies, sambucos, chacareras, y hoy en día hay que tener anteojeras para dedicarte sólo al tango, uno tiene influencias de todo tipo”, zanja Solá.

En Antihéroes y tumbas coinciden aires balcánicos, voces con espíritu mexicano, rocks a charango, temas de Tom Waits, tangos, milongas, valses, chacareras y más. “El tango nació múltiple y me parece que esa excusa es la que hace que el género se pueda renovar”, propone Estol y destaca el rol de la milonga y el vals criollo en sus discos. “Sin ser tango, le son centrales y en ellos se nota mucho más las influencias que no son del tango endogámico y te permiten jugar más”, desmenuza. “Me parece fundamental para mantener vivo el género, con una raíz que está quieta, aferrada a algo, pero con otra parte suficientemente libre como para conectar con un millón de cosas que están ahí.”

–En este disco gana fuerza la faceta “gótica” de su historia musical. ¿Por qué les interesaba ahondar en ella?

A. E.: –Fue más bien natural al proceso de hacer un disco, que cuando ves que ya tenés cinco, seis, siete temas que sabés que querés que vayan al próximo disco, siempre te proponen algo, una dirección. A partir de eso podés seguir extrapolando, buscar covers, sonidos, una tímbrica. Nos dimos cuenta de que estábamos en un período de madurez después de hacer muchos discos de fanfarria, desenfado, collage. Revolución o Picnic (su disco anterior) es doble, con 31 temas en chino, con lo gitano, con el rock and roll, cualquier cosa. Entonces queríamos algo con más homogeneidad, que tuviera un carácter y un espíritu pero igual fuera ecléctico, porque no son cosas contradictorias si se mantiene un clima, una emoción que tiene que ver con lo rural, con lo oscuro, lo religioso, lo grotesco, lo sarcástico.

D. S.: –Igual La Chicana tiene varias aristas. Tenemos lo del gótico pero también podés entrar por el criollo, por lo más psicodélico. Y uno puede subrayar en el disco una de esas partes. Porque si pensamos en el gótico del que hablamos, del surero, todos los discos anteriores están llenos de lugares así: “Frankenstein”, “Aníbal”, una cantidad de temas que podrían estar en este disco.

A. E.: –Tengo la sensación de que hay una antología de relatos en el cuerpo de canciones que nos parecen centrales para el disco. Había algo con historias de antihéroes y tumbas, tumberos. Los temas míos estaban más destinados a la literatura de los personajes, que a la canción en el sentido de loop mental del hit. Contar estas historias dentro de un concepto general. Ahí las fotos de Marcos Zimmerman fueron un broche de oro genial. Estábamos terminando el disco y esas fotos mostraban una riqueza. Sentimos que todo cerraba.

La dupla volverá recurrentemente a esta idea de canciones centrales en el disco. En total son ocho, todas –excepto “El barzón”– escritas por Estol: “Rosita”, “Buscado”, “Beto Asperger”, “La uva”, “Bailarina rota”, “Día y noche” y “Batallas”. La gráfica de Zimmerman los representa en un entorno campestre del interior bonaerense, de negro y con animales de granja (Dolores alza una gallina en la tapa y un cerdito en la contra). “En la tapa, por ejemplo, vos estás coqueteando con una idea, pensás es por acá, y de repente aparece una foto que te hace repensar absolutamente todo. No se sabe si somos mormones o asesinos seriales o magia vudú”, describe Dolores. Al mismo tiempo, califica la imagen como “bucólica”, mientras su compañero sugiere la imagen de “vampirismo pampeano”.

–También se advierte una tensión muy marcada entre la libertad y el encierro, y la figura recurrente de la cárcel.

A. E.: –Sí, es una tensión entre la ciudad y el campo, la tensión entre el cemento y poder o no ver el cielo. Lo de la cárcel, más allá del tema puntual, me parece que es una cuestión fundamental. Y mirá, el otro día me lo confirmaba Mirtha Legrand...

D. S.: –¡Caramba!

A. E.: –Y a mí me importaba mucho que Mirtha Legrand me confirmara que soy un autor de actualidad. Ella decía que “lo más importante es la seguridad”, y para mí es esa psicosis colectiva o ese tema el que domina la sociedad. Pero para mí lo importante, y me encantaría poder decírselo a Mirtha, es mirar al criminal. Si te importa tanto la inseguridad, mirá al criminal, de dónde viene, qué le pasó. No me la imagino leyendo esto, no. Pero es lo que yo propongo. A mí me parece que la víctima es aburrida, más allá de tener mi compasión y mi empatía, porque es horrible ser víctima de un crimen, pero es algo azaroso.

D. S.: –No es inspirador de poesía.

A. E.: –Además el problema no está en la víctima, en ella no hay nada que solucionar, más que contenerla. El problema está en el criminal.

Los lazos entre las canciones de este disco y las producciones anteriores se explicitan y de pronto también aparecen temas que siguen inéditos y que rondan los mismos tópicos. “Hay uno que no grabamos, ‘Devoto’ –cuenta Estol– sobre un preso que tiene miedo de salir.” La tensión, plantea, es con el inconformismo, con el concepto mismo de libertad. “La libertad también puede ser una herramienta del fascismo”, advierte. “La libertad de un rico es tener un Mercedes, su country con pileta, mandar a sus hijos no sé a dónde, y al final eso es una herramienta de opresión”, plantea y Dolores apunta al “miedo a la vejez”, otra fuente de crisis en épocas de creciente celebración de lo juvenil.

El cierre del disco, con “Me fui” puede leerse como otra vuelta de tuerca sobre las vicisitudes que se planteaban en “Nos tenemos que ir” (del disco Lejos). “He notado que mucha gente de la ciudad se quiere ir a vivir al campo y que mucha gente del campo se quiere ir a vivir a la ciudad, y ese idilio del huir aparece en otros temas nuestros, domina mis motivos”, expone el compositor. La cantante agrega que “el conformismo no puede inspirarte nada, ¿qué canción sale diciendo ‘qué bien que estoy’?”, plantea.

–En “Beto Asperger” hay una cuestión de la redención a través del arte.

D. S.: –Y en general a través de la naturaleza...

A. E.: –Yo no sé si tanto del arte como de lo social, no como artistas sino de la música como fenómeno social.

D. S.: –Eso lo vimos. Un día estábamos en el club social de Gobernador Ugarte y un pibe cantó sus canciones. Cuando preguntamos, recién había salido de la cárcel y cantaba eso.

A. E.: –Y con eso me quedé pensando en las canciones tumberas y ahí salió el tema. No sé, no pudimos ni contárselo. Capaz que no le gusta, pero nos lo inspiró él.

–En esta cosa de lo social, hay un tema fundamental en el disco que es “Batallas”, con el rescate de la discusión política.

A. E.: –Con “Batallas” nos pasa que para nosotros tuvo un crecimiento corto, lo entendimos inmediatamente y creímos que ahí quedaba. Pero nos damos cuenta de que en el público tiene algo. Es la celebración de una vuelta al debate. Por un lado es de hippie trasnochado y tiene una mirada irónica del setentista que quiere resolver los problemas del mundo desde la mesa de un bar, pero es al mismo tiempo un rescate del cinismo noventoso de reírnos de esos batalladores de bar.

D. S.: –Además nosotros le decimos setentista, pero se da que cada vez que reaparece lo político, reaparece el debate de bar.

A. E.: –Somos una generación puente. Por cuatro o cinco años no vivimos persecuciones, no fuimos víctimas del terrorismo de Estado. Y cuanto más grandes nos hacemos, más increíble parece que gente generacionalmente tan cercana a nosotros esté en mundos distintos. Y ni hablar con los más chicos, ahí la diferencia es mayor, porque unos tienen las batallas del bar y otros no entienden de qué les hablan.

D. S.: –No sé si en todos los lugares del mundo hay de década a década cambios de paradigma tan grandes. Como si cada generación fuera hijo de una Argentina muy, muy distinta. Un amigo alemán decía que vivir acá era increíble, ¡todos los días pasan cosas! Pero bueno, eso lo decía hace mucho, ahora en Europa también pasan cosas.

“Europa” es otro tema central del disco y tiene una construcción de sentido compleja, que contrasta con otras figuras del continente que el género usa para recordar el terruño. Aquí es una chacarera que cuenta Europa desde Argentina. “Acho lo escribió en 2006, en un momento en que Europa no era lo que es hoy, vivía el apogeo y nosotros disfrutábamos de ese momento”, revela Solá. Al recordar ese viaje, ambos disienten. Para Estol, la decadencia cultural se advertía. “Salvo en Andalucía y algo puntual del País Vasco, la mayoría de lo que veíamos fuera de las grandes figuras era de un nivel más bajo de lo que uno acostumbra ver acá”, comenta y alude a eso para explicar el crecimiento de las compañías latinoamericanas y asiáticas en festivales de toda disciplina. “No estoy muy de acuerdo”, se planta con cálida firmeza Solá. “En esos festivales también convivían grupos de allá muy buenos”, recuerda. La canción, en última instancia, busca desacralizar el presunto glamour de las giras y revela el costado agotador de salir a tocar al otro lado del Atlántico. “Una pastillita rosa en el aeropuerto / a menos que uno prefiera llegar despierto / a un mundo distinto donde lo elegante / comparte palacio con lo repugnante.”

–Muchos tangueros de su generación versionan a Los Redondos o al Indio Solari, como hacen ustedes acá con “El tesoro de los inocentes”, ¿por qué el interés?

D. S.: –Ese tema nos gustó muchísimo cuando lo escuchamos. Siempre lamentamos que se escuchara bajita la voz, aunque es claro que es algo que él quería así. La letra es bellísima. Cuando uno va armando el disco, siempre hay un tema o un espacio que falta para el equilibrio del disco. A Acho se le ocurrió esta canción. Agarró un charanguito, empezó y creo que al final está muy bien elegido.

A. E.: –Pero está bueno lo que decís. Porque hubo como una antorcha de Los Redondos, del rock hacia el tango, y es una antorcha importantísima, así como en los 60 fue del tango hacia el rock con Los Gatos, Manal, Moris, Vox Dei, el mismo Charly. Hacen falta esos elementos de transición. Con los Redondos había pasado suficiente tiempo como para que no se renegara más del tango, que se pudiera tener esa poética tan tanguera, tan explícitamente barrial. Los Redondos metieron subrepticiamente la cosa tanguera en el rock barrial, en el rock cabeza. Eso fue una semilla fértil para abonar un regreso al tango.

Esa semilla fértil brota en La Chicana como en pocos otros referentes del tango del siglo XXI. Quizás porque encontraron el tango posible de cada género que visitan. Los versos de “Beto Asperger” sugieren un aire de viejo arrabal en plena actualidad: “Sin sentimentalismos contaba su derrota, / su vida martinférrea de irónico sabor / de vinos y de sangre, fantasmas y traición”.

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Estol y Solá, líderes de La Chicana, que estará los viernes y sábados de agosto en el Centro Cultural Torquato Tasso.
Imagen: Pablo Piovano
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