EL MUNDO › LA CAPITAL DE RIO GRANDE DO SUL, ESTADO EN DONDE LA PRESIDENTA DILMA ROUSSEFF EDIFICO SU CARRERA

Postales de la campaña en Porto Alegre

En bulevares o esquinas se exponen imágenes de los candidatos presidenciales de Brasil junto a los aspirantes locales. Ana Amélia, del PSDB, disputa la gobernación al petista Tarso Genro.

 Por Gustavo Veiga

Desde Porto Alegre

La avenida Ipiranga es la pasarela electoral más larga de Porto Alegre. De doble mano, tiene unos 10 kilómetros y corre paralela a un arroyo canalizado denominado Diluvio. En su traza conviven en respetuosa armonía la campaña política y los espacios verdes. Hay bulevares o esquinas donde los distintos partidos exponen imágenes de sus candidatos en fila, una al lado de otra, sin superponerse. Son telas enmarcadas en bastidores de madera o siluetas recortadas en cartón. En Brasil, a las primeras las llaman cavaletes. Están Dilma Rousseff, Marina Silva o Aécio Neves, y además los aspirantes locales a la gobernación del estado de Río Grande do Sul o al Congreso Federal.

Disciplinados colocadores de carteles adornan el paisaje exponiéndose a accidentes, como se vio también en la autopista camino al aeropuerto. A las 22, la ley prevé que no quede ni un candidato de tela o de cartón, pero en algunos casos el horario no se respeta. Eso sí: no se ve una sola pared pintada con slogans. Tampoco varias capas de engrudo por superposición de afiches. Es muy distinto a lo que pasa en la Argentina, a un mes de los comicios.

Río Grande do Sul no es tan importante como el estado de San Pablo (42 millones de habitantes) o Minas Gerais (20 millones), pero reúne un capital simbólico que lo hace clave. Quinto distrito electoral del país, con casi 11 millones, es donde Dilma edificó su carrera política. Vivió casi la mitad de su vida ahí. Desde que salió de la cárcel durante la dictadura en 1973 hasta llegar al Ministerio de Minas y Energía en 2003, cuando se mudó a Brasilia. Además, en su capital Porto Alegre nacieron el Foro Social Mundial y el presupuesto participativo. Y ha sido, con escasos retrocesos, un bastión histórico del PT desde 1988.

En la oferta electoral de la ciudad hay de todo: Juliana Brizola, la nieta de Leonel Brizola, va por la reelección como diputada estadual. La foto junto a su célebre abuelo del Partido Democrático Trabalhista (PDT), que falleció en 2004, expone esa relación familiar como incentivo extra para que la voten. Además, Juliana apoya a la actual presidenta. Es autora de la ley de Escuela Integral. Su silueta recortada se apoya en un cartel con el número que la identifica: el 12.001. En Brasil, las urnas son electrónicas y hay que acordarse de la cifra del candidato para no pifiarla en el teclado que ingresará el voto virtual.

Junto a los Brizola aparece Neves, el nieto de Tancredo Neves y aspirante a la presidencia por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB). Sonríe como en un comercial de pasta dental junto a su candidata a gobernadora, Ana Amélia, una señora con cara de abuelita rubia y de clase media alta.

Dos jóvenes gaúchas (los riograndenses comparten el mismo mote con los de nuestras pampas) portan banderas medianas con mástiles de plástico, ubicadas en la esquina de Ipiranga y Silva Só. Hacen proselitismo por el candidato a diputado federal 2522, un tal Onix, quien posa junto a Aécio y les paga 500 reales por quincena por el trabajo: unos 2500 pesos argentinos, según la cotización local.

Deben quedarse paradas junto a los cavaletes seis horas por día. Su labor se extenderá los dos meses de la campaña. Y podrían meter un bonus track si el político del PSDB llegara a la segunda vuelta, algo que hoy resulta casi imposible. “El PT paga mejor”, le aseguran a este cronista. Y aclaran: “No somos militantes del PSDB, acá nos contratan y pasa lo mismo con todos los partidos”. También hay activistas no remunerados que hacen campaña cuando terminan su horario laboral. Son orgánicos que se identifican con cada partido o candidato.

El papel que desempeñan las mujeres –que repiten a dúo tener otros trabajos más rentables– no difiere demasiado del que cumple un moreno a pocas cuadras, sobre la misma avenida. Se mueve entre los autos cuando los detiene el semáforo. Reparte volantes y adhesivos con las caras de Neves, Amélia y una bonita aspirante a senadora: Simone. Lleva pegadas en sus pantalones muchas calcomanías.

En Río Grande do Sul se da una curiosidad adicional: el actual gobernador, Tarso Genro, va por la reelección a ese cargo por el PT. Pero su hija Luciana, lejos de seguirlo, es candidata a presidenta de la nación por el Partido Socialista y Libertad (PSOL), una fuerza de izquierda creada en 2005. Había arrancado como diputada federal por el PT, pero en 2006 resultó electa ya integrada al PSOL.

Brasil tiene –aunque en Porto Alegre no se perciba tanto– una tradición electoral transgresora a la hora de votar candidatos. Hay ejemplos de sobra. De antes y de ahora. En 1959, en las municipales paulistas, un rinoceronte del zoológico local, Cacareco, sacó más de 100 mil votos. Hasta el Che, una vez victoriosa la Revolución Cubana, le dedicó un artículo en la revista Verde Olivo, el 8 de mayo de 1960. Lo tituló: “Cacareco, los votos argentinos y otros rinocerontes”, a propósito del voto en blanco o voto protesta.

En el período democrático que sucedió a la dictadura militar brasileña en 1985, no hubo candidaturas tan osadas impulsadas por los medios, como aquella del pobre animal. Hoy abundan aspirantes a diputados federales o estaduales de orígenes tan insólitos como diversos: un payaso apodado Tiririca va por la reelección. En 2010 cosechó 1.348.295 votos y llegó al Congreso nacional por San Pablo. Hizo famoso un slogan de campaña: “No sé qué hace un diputado; pero si me vota, después le cuento”.

Kid Bengala, el actor porno más famoso de Brasil, intentará ingresar a la Asamblea Legislativa paulista. El moreno de 59 años, representante del antiguo Partido Trabalhista, dice que quiere “refundar la política”. Claudio Enrique dos Anjos logró que la Justicia electoral autorizara que se presente el 5 de octubre bajo el seudónimo de Barack Obama. Este candidato del PT tiene cierto parecido físico con el presidente de EE.UU. Va por un escaño en el estado de Río de Janeiro.

En Brasil es una práctica habitual utilizar apodos como un componente más de la identidad electoral. Ocurre en todas las actividades. Incluso ya no sorprende que los candidatos se disfracen en campaña, haciendo una ficción de sus propuestas o propuestas de ficción. En las elecciones estaduales de 2010, en Aracajú, la capital de bellas playas en el estado nordestino de Sergipe, se presentaron Batman, Robin y Bin Laden, ataviados con sus respectivos atuendos. Tan bizarros fueron que hasta se filmó un cortometraje sobre el dúo dinámico que resultó premiado este año en un festival de cine en Río de Janeiro. Se llama La elección es una fiesta.

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La diputada Juliana Brizola va por la reelección y apoya a Rousseff.
 
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