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Además de Loeb, Gronholm y Cía., los animadores del rally son los hinchas

Más de un millón de personas verán la carrera cordobesa, que termina hoy. Si gana, el campeón puede marcar un record histórico.

Por Pablo Vignone
Desde Villa Carlos Paz

Los vagos, como se llaman ellos mismos, le cortan el cuello a la botella de gaseosa vacía y se quedan con un vaso de litro y medio, que llenan con fernet y Coca. Están instalados en la montaña desde 12, 14, 16 horas antes, desde el día previo. Esperan los autos bromeando a gritos. Alguno no llega despierto a la cita: cae redondo bajo el peso del alcohol. Cuando termine de pasar el último coche, abandonarán la sierra buscando un lugar en Traslasierra, donde hoy terminará el Rally de Argentina. Podrá ir ganando el campeón mundial Sebastien Loeb, podrá ser Marcos Ligato el mejor argentino de la prueba, pero la verdad es que los verdaderos protagonistas de este rally del Automóvil Club Argentino son ellos. La gente.
Córdoba cruje bajo el peso de los fanáticos. Son cordobeses pero también de otras provincias. También de Chile, Paraguay y Uruguay. La lluvia y la niebla de ayer no impidieron que hubiera más público en el camino que en el día anterior. Durante el 2004, ocho millones de personas vieron en la ruta los 16 rallies del Campeonato del Mundo; 1,4 millones (casi el 20 por ciento de esa cifra) lo vieron en la Argentina. Un fenómeno que, según los que siguen esta Fórmula 1 con techo por el mundo, sólo tiene parangón en Finlandia o Montecarlo.
“La pasión de los cordobeses por el rally es la misma que despierta el Turismo Carretera en la provincia de Buenos Aires –ensaya Gabriel Raies (‘el mejor piloto de rally de la historia del país’), 17 veces campeón y ahora consejero de Luis Pérez Companc–. Pero acá viene un millón de personas... y 800 mil son cordobeses.”
Semejante pasión despertó el interés del poder político provincial, que este año reflotó el Córdoba Rally Team, un equipo de competición que corre el Mundial de Producción con seis autos hechos en Córdoba y pilotos locales. El equipo había tenido un final polémico antes de la debacle económica del 2002. Pero lo han reflotado este año sin tantas quejas.
No sólo por los resultados. Es que el presupuesto del CRT para todo el 2005 es de 750 mil dólares, una cifra importante y que en otro momento habría merecido quizás un debate sobre la razonabilidad del destino. Sin embargo, la inversión (de la cual la provincia aporta el 40 por ciento y el 60 restante corre por cuenta de sponsors) es mínima en comparación con lo que el rally le deja a Córdoba. En 2004, los espectadores gastaron en la provincia casi 127 millones de pesos.
El CRT está establecido en la ciudad de Almafuerte, muy cerca de la ruta de este rally, en el taller de los hermanos Fabián y Mario Barattero. Los Subaru Impreza llegan de Japón como para usar en la calle y en quince días salen listos para correr: desde Almafuerte ya han viajado a Nueva Zelanda, Chipre y Turquía. En esta carrera, los pilotos del equipo, Gabriel Pozzo y Sebastián Beltrán, van retrasados. “Pero la gente no quedó defraudada”, los disculpa Raies.
El fanatismo del público es, sin duda, uno de los grandes atractivos de la competencia. “Para ellos, es como un ritual –insiste Raies–. Es salir el día anterior, elegir el mejor lugar para ver pasar los autos, comerse el asadito...”. Y esa pasión es admirada por los visitantes, no solamente los sajones de frialdad inalterable, que se permiten una sonrisa como concesión, sino inclusive por los latinos. “Es una carrera bellísima, no sólo por los caminos sino por el marco y por la gente –opina el italiano Stefano Marrini, un amateur que vino a correr por primera vez a la Argentina–. Tuvimos un problema con los frenos y nos paramos en la montaña, y cuando nos bajamos a arreglarlo, la gente nos empezó a vivar, a darnos fuerza para que siguiéramos.”
Para cuidarlos hay 7100 policías diseminados en toda la ruta. Los policías, claro, son cordobeses, y aman también el rally. El especial entre Santa Rosa de Calamuchita y San Agustín estuvo a punto de ser suspendido porque había mucha gente mal ubicada. Todo dependía de unúltimo reconocimiento del helicóptero que llevaba al delegado de la FIA, Jacek Bartos. “Pónganse detrás del alambrado antes de que pase el helicóptero –le decían los policías a los fanáticos– y después vuelven a ponerse acá.” Y se vuelven a poner, como todos los inviernos cada vez que el Rally convoca.

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Los cordobeses copan las laderas para ver pasar los autos.
 
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