El primer vínculo más definido y potente entre el feminismo tal como lo conocemos hoy en Argentina y la militancia peronista se anuda en una mujer que guarda un perfil bajo. Con 83 años y retirada de las luces del poder en su casa de Vicente López, donde a mediados de la década de 1970 se ocultaron de la persecución de la Triple A destacados referentes de la Tendencia Revolucionaria Peronista y del Partido Revolucionario de los Trabajadores, Mabel Di Leo conversa con Las12 sobre su papel como delegada de la Rama Femenina nombrada en 1966 por Juan Domingo Perón y luego en la fundación de la CGT de los Argentinos, su participación en el grupo de militantes de la resistencia peronista de Vicente López a partir de 1956 (año en que algunos de sus integrantes varones fueron fusilados en José León Suárez) y su iniciativa de fundar en 1983 junto con la feminista Inés Cano la Multisectorial de la Mujer, que organizó las primeras movilizaciones del 8 de Marzo en Buenos Aires y fue una organización decisiva para enhebrar la alianza entre feministas, políticas, sindicalistas y defensoras de los derechos humanos que desembocó en el Encuentro Nacional de Mujeres, hoy Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, No Binaries e Intersexuales.

“Para desgracia de algunos, tengo muy buena memoria”, responde Mabel Di Leo cuando le alaban la lucidez. Desde joven se caracterizó por no callarse nada y no dejar pasar una.

¿Cómo fue tu participación militante en los primeros años de la resistencia peronista?

--No tuve juventud. Me refiero a ir a bailar y esas cosas. En la secundaria iba al colegio de monjas. Cuando cayó Perón el 16 de setiembre de 1955, la monja me dijo “por una semana no vengas al colegio”. De una división de 27 chicas, 26 eran gorilas y yo la única peronista. Era excelente alumna y tenía las mejores notas. Por crianza debería ser católica, pero yo nada que ver con eso. Creo sí que hay un Dios que guía, porque es más cómodo. En 1956 salíamos a pintar a la Panamericana, con los hermanos Jorge y Miguel Lizaso, “Perón vuelve en 1957”. Cuando regresábamos a casa nos esperaba con chocolate Delia, mi mamá. Y después tenía que ir al colegio a cursar. Así seguimos al año siguiente con “Perón vuelve en 1958” y después teníamos que modificar cuando el General no volvía. Hasta que un día, en una reunión que tuvimos los jóvenes, Jorge dijo “chicos, ¿no es hora de que dejemos de poner el año? Pongamos “Perón Vuelve” y listo, porque estamos pasando un papelón. Jorge Lizaso fue el inventor del “Perón Vuelve”. En aquellos años Jorge venía a mi casa, enfilaba derecho hacia la heladera y decía “esta no es una casa peronista, acá hay mucho morfi”. En casa siempre tuvieron lugar donde esconderse Julio y Bernardo Troxler. Tenían todo embalado detrás de las cortinas para cuando venían a dormir de noche. Antes de que les ofreciéramos nuestra casa, dormían en los yuyos al lado del ferrocarril.

Los Lizaso fueron ocho hermanos. A Carlitos Lizaso lo fusilaron en el basural de José León Suárez por haberse plegado al levantamiento del general Juan José Valle el 9 de junio de 1956 contra la dictadura encabezada por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas, tal como documenta Rodolfo Walsh en Operación masacre. A Jorge, Miguel e Irma Lizaso los secuestró y desapareció la dictadura de 1976, ese año. Los tormentos que padeció Jorge Lizaso en la ESMA los documentó Walsh, en una denuncia que dio a conocer aquel año. A Julio Troxler, dirigente peronista y sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez (puede vérselo como narrador en la película Operación masacre), lo asesinó la Triple A en 1974 contra el paredón del fondo de la Escuela Normal 5 de Barracas. En un bolsillo llevaba las llaves de la casa de la familia Di Leo.

Foto: Constanza Niscovolos. 


DELEGADA DE LA RAMA FEMENINA

Transcurre casi una década desde las aquellas primeras pintadas de los jóvenes de la resistencia peronista y el año 1965 encuentra a Mabel Di Leo preparando un proyecto para reorganizar la Rama Femenina del movimiento peronista.

¿Cómo fue que Perón te designó delegada para reorganizar la Rama Femenina?

--Fuimos con todas las mujeres de Vicente López a ver a la casa a Delia Parodi, que en ese momento era delegada de la Rama Femenina, y llevé un proyecto para reorganizarla, dividida en secretarías. Como ya sabemos que todas las compañeras quieren aparecer y tener el nombre, pensé que la mejor forma de organización era en secretarías que se ocupen de distintos temas, así todas tenían trabajo, todas tenían la manija, y no iban a jorobar. En un momento de la reunión, la llaman a Delia Parodi y le avisan que Isabel Perón había llegado a la Argentina como delegada de Perón. Así que interrumpió el encuentro y dijo “vamos a tener que dejar esto en suspenso”. Era el 11 de octubre de 1965 a las siete de la tarde. Isabel fue a parar al Hotel Alvear. Se cortó la luz en toda la zona y con la Juventud Peronista de la que formábamos parte fuimos al Barrio Norte a festejar que llegó la esposa del General y a cantar la marcha peronista. No porque fuera Isabel, a quien no conocíamos. Lo menos que nos tiraron desde los edificios de Callao fueron sifones y tarros de café. Con lo que cuesta el café. El Alvear le pidió a Isabel que se fuera y la llevaron al hotel de Luz y Fuerza.

¿Y qué pasó con el proyecto para reorganizar la Rama?

--Mis compañeros me dijeron “no le presentes nada a Delia, se lo presentás a Isabel”. Como fui la que le entregó el plan a Isabel, decidieron que fuera yo la delegada de la Rama Femenina, el lugar donde antes había estado Delia Parodi. El 28 de junio de 1966 asumió Onganía la presidencia de la Nación, previo haber echado a Illia. Aquel día a las seis de la tarde, en una oficina de la calle Esmeralda, Isabel me entregaba los nombramientos de los cinco delegados para la Junta Coordinadora Nacional firmados por el General Perón. Me los entregó a mí para que los repartiera. Cuando recibí el nombramiento estaba asumiendo Onganía, y lo primero que hizo fue prohibir la actividad política. Ya con otro panorama político, fui delegada nacional de la Rama Femenina nombrada por Perón entre junio de 1966 y mayo de 1968. Me tuve que ir porque nuestro sector propició la formación de la CGT de los Argentinos.

¿Por qué tus compañeros no querían a Delia Parodi al frente de las mujeres?

--El problema es que Delia Parodi jugaba para el sindicalista Augusto Timoteo Vandor. Estaba la CGT de los parados y la CGT de los acostados. Los acostados eran lo que querían el peronismo de Perón sin Perón, como se decía en aquel momento, “el guiso de liebre sin liebre”. Vandor representaba a ese sector. Nosotros, en cambio, queríamos el guiso de liebre con la liebre, o sea peronismo con Perón. Cuando Perón me nombró delegada de la Rama Femenina, era la época en que nos teníamos que reunir con todos los sindicalistas. En ese ínterin, Perón había enviado una carta donde decía que Vandor lo había visitado y hecho autocrítica, y que podía ser secretario general de la CGT. Bernardo Alberte, que era el delegado de Perón, consideraba que si renunciábamos le dejábamos el campo libre a los acostados. El sindicalista de Sanidad Amado Olmos era el único que lo tenía de hijo a Vandor. Pero en enero de 1968 Amado Olmos se accidenta en la ruta, le explota un neumático del auto y fallece. Quedamos sin el candidato a secretario general de la CGT y nos vemos determinados a presentar otro. Se dispuso que fuera Raimundo Ongaro. Para cuando sale electo Ongaro, la CGT pasa a llamarse CGT de los Argentinos, para diferenciarse de la CGT que conducía Vandor y pactaba con el gobierno militar. La CGT de los Argentinos además publica un semanario que dirige Rodolfo Walsh.

¿Cómo fue tu relación con Bernardo Alberte?

--Estuve 10 años con Alberte, Nunca me victimicé, porque ya sabía que era casado. Bernardo era profesor de estrategia en el Colegio Militar. Cuando los militares hacen la revolución de 1943, él participa y en el 45 pelea por Perón. Era muy joven para pertenecer al GOU, apenas un capitán para ascender a mayor. Me acuerdo de que fuimos a verlo a la casa en 1966 con una compañera, Ana Macri, la esposa nos dice “acá no se habla de política”. Alberte nos sirvió una tacita de café. Un día me llamó a la oficina donde trabajaba y me invitó a almorzar a un restaurant de Tribunales. Me pidió disculpas y me doró le píldora. Le aclaré “no necesito nada de usted y menos de un milico, que es sexto grado y ejercicios físicos”. Empezamos a salir y toda la familia sabía de nuestra relación.

Bernardo Alberte fue delegado personal de Perón en Argentina entre 1966 y 1968, secretario general del movimiento peronista y un militante destacado del peronismo revolucionario. Fue el primer asesinado por la dictadura de 1976. Un grupo de tareas lo arrojó por la ventana de su departamento. “En rigor de verdad, a Bernardo lo asesinaron aún durante la presidencia de Isabel Perón. A él lo asesinan a las 2.30 del 24 de marzo y a Isabel la sacan en helicóptero a las 3.30”. Mabel Di Leo pierde poco después un embarazo producto de su relación con Alberte. Compañeros cubanos le ofrecen asilarse en la embajada pero ella elige el exilio interno y se mantiene prófuga -así elige decirlo- hasta 1981. Esos fueron los años más difíciles de su vida, pero no fue la primera vez que permaneció en la clandestinidad.

“Estuve prófuga seis meses cuando lo mataron a Vandor en 1969. También cuando estuvo como ministro a López Rega y antes, cuando fue lo del asalto al Policlínico Bancario en 1963. Cada vez que pasaba algo en el país nos venían a buscar a los peronistas”, recuerda.


LAS LOCAS FEMINISTAS

¿Tu acercamiento al feminismo vino después de la dictadura de 1976?

--Yo llevaba a Susana Valle, de quien éramos muy amigas, hija del general Juan José Valle, en auto al diario La Voz (que editaba Vicente Saadi con un sector de Montoneros entre 1982 y 1985). Susana decía que yo era la rama feminista. En el diario La Voz, Susana me dijo “te voy a presentar a otra loca con la que se van a llevar muy bien”. Y me presentó a la periodista Inés Cano, una feminista a muerte que se conocía a todas las feministas de la ciudad de Buenos Aires. Hubo empatía entre nosotras desde el comienzo y conversando le dije “mirá Inés, si volviera a ser delegada de la Rama Femenina, lo primero que haría sería invitar a las feministas de todos los grupos además de las políticas”. Inés Cano me responde “y por qué no lo hacemos”. Ahí, en 1983, dio inicio la Multisectorial de la Mujer que organizó el acto del 8 de marzo de 1984. Invitamos a todo bicho que caminaba. Como peronista fui a hablar con todos los grupos políticos y sindicatos para que se sumaran. Recuerdo que en una de esas reuniones recibí un cachetazo de una integrante de un grupo de mujeres peronistas, porque dije algo respecto de López Rega y no le gustó. Me quedaron los cinco dedos marcados. Le contesté “ves, todas las lopezreguistas reaccionan con violencia”. Casi ligo otro cachetazo. El acto fue un jueves. Las Madres terminaron la ronda en Plaza de Mayo y se unieron a la concentración. Estuvo presente Alicia Moreau, sentada, porque estaba muy viejita. Y después las radicales nos homenajearon en el Congreso a las que organizamos el acto. Después de casi 30 años de militancia, ese día entré al Congreso por primera vez. De las diputadas peronistas que ingresaron al Congreso en la primera etapa del gobierno de Raúl Alfonsín, muchas eran las delegadas que yo había elegido en las provincias cuando estuve al frente de la Rama Femenina.

Aquel gesto y ese concepto de unir a las mujeres políticas con las feministas, las sindicalistas y las Madres de Plaza de Mayo, y que luego condujo a los 35 Encuentros, surgieron de Mabel Di Leo y de su experiencia al frente de la Rama Femenina y en la organización de la CGT de los Argentinos. Son contadas con los dedos de las manos quienes hoy lo recuerdan. Obviamente en Wikipedia no aparece.

Delia Valente, la madre de Mabel Di Leo, también formó parte de la Multisectorial de la Mujer. “Las feministas decían que ella era más feminista que yo”, recuerda. Delia y Mabel fundaron el 17 de octubre 1961 el Cuerpo Auxiliar Femenino de Incendio en los Bomberos Voluntarios de Vicente López, el primero de América Latina.

Mabel Di Leo, “Coca”, como la conocen en el barrio y en la militancia, sigue presente en las luchas territoriales de Vicente López, ahora por la recuperación de la Escuela Raggio. “Evitamos su demolición para construir un edificio de departamentos y tramitamos la devolución del edificio a los socios de la cooperadora, sus legítimos dueños”.

Politóloga egresada de la Universidad de Buenos Aires, a los feminismos hoy los mira un poco a la distancia, pero participa en algunas actividades, como el panel sobre “Peronismo, rama femenina y disidencias” que tuvo lugar en la quinta de Perón y de Evita en San Vicente, en las celebraciones por el 17 de octubre pasado.