Más extraño que la bondad es la traducción de “Stranger Than Kindness”, el título de una canción de Nick Cave & The Bad Seeds, grabada en el tenebroso Your Funeral, My Trial (1986). Nick Cave suele decir que es su canción favorita de la banda y es una de las pocas en las que él no tiene más participación que ponerle la voz: la letra es Anita Lane, ex Bad Seed y entonces su novia, y la música es de Blixa Bargeld, entonces el guitarrista de la banda. Casi nunca la toca en vivo a pesar de su preferencia porque, dice, es una disección de esa separación, muy tortuosa porque Anita fue uno de sus primeros amores intensos. “Nos sentamos en la puerta y rascamos/ La demacrada fruta de la pasión”. Fue el título de esta canción etérea y triste, sin embargo, el elegido para la gran muestra que Nick Cave inauguró en 2021 en Copenhague, Dinamarca: estaba pensada para antes de esa fecha, y para ser itinerante, pero, sabemos, la pandemia.

Es una muestra de artefactos. Cave dice: “Es el mundo en torno a las canciones. Cosas que son propiedad del artista, secretas y sin terminar. Dibujos, mapas, listas, garabatos, fotos, cuadros, collages y borradores: no son obras de arte sino la superestructura alucinada y compulsiva que da a luz a la canción o al libro o al guion o a la partitura, son un sistema de apoyo de información tangencial y maníaco”.

Sexto Piso con NinetyNineRecords acaba de editar lo que esencialmente es un catálogo acotado de esa muestra. En sus casi 300 páginas satinadas no está el chicle de Nina Simone que Warren Ellis inmortalizó en un bello libro –y que salió de su casa solo para esta muestra– ni las fotos y dibujos y cartas entre Cave y PJ Harvey que ella donó, en un gesto que habla de que esa relación tormentosa al fin alcanzó una orilla. Pero eso no quiere decir que el libro no tenga objetos reveladores y muchos de ellos inesperados. Va desde la niñez de Cave en Wangaratta, Australia, pasa por el caos de The Boys Next Door y The Birthday Party y sigue hasta los Bad Seeds, Berlín y la vida actual. La muestra tenía música original de Cave y Warren Ellis, además de dos instalaciones de los artistas Iain Forsyth y Jane Pollard, que dirigieron el documental 20,000 Days on Earth (2014). Pero como la muestra se vio además en Montreal y pocos lugares más, este libro es lo más cercano a ese detrás de escena que pertenece a la lógica de Nick Cave hoy: lejos del secretismo y la desconfianza, intenta ser lo más abierto posible. Intenta: en el libro, por ejemplo, se cuenta que, cuando filmaban con Andrew Dominik el documental One More Time With Feeling (2016), poco después de la muerte de su hijo Arthur, quiso parar de rodar en varios momentos, acusó al director de hacer “pornoduelo” y hasta se peleó con su esposa, Susie, cuando la estaban filmando junto al mar de la ciudad donde viven, Brighton. Este proceso de apertura, que también se ve en sus shows –pasó de patear al público hace 40 años a abrazar emocionado a sus fans– no es fácil, es esforzado y es paso a paso.

Portada del libro editado por Sexto PIso

LAS COSAS DE LA VIDA

Más extraño que la bondad no es un relato biógrafico con objetos e imágenes. Es el relato de un proceso creativo, algo tan abstracto y personal como eso. Y en el proceso creativo está su padre, Colin Cave, que aparece en una hermosa foto: escritor, maestro, fue fundador de centros de educación y ciudadano del año en Wangaratta 1971. Murió en 1979, en un accidente de autos. Hay biógrafos de Nick Cave que hasta insisten en que toda esa rabia de los primeros años era para canalizar la ausencia del padre. Dawn Cave, su madre, que murió hace pocos años (tenía más de 90), fue una mujer que llegó a tocar el violín en los discos de su hijo y que se hacía la tonta cuando llegaba a casa pálido y desesperado por falta de heroína (o por un pico a las apuradas). Hay fotos de cuando Cave era parte del coro de la catedral de Wangaratta: cantó ahí tres años y empezó su fascinación con la religión. Hay fotos de un Cave muy glam, la cara maquillada como Bowie, en una banda previa a Boys Next Door que no tenía nombre. Hay una foto hermosa en la escuela de arte de Melbourne con Rowland S. Howard y Anita Lane donde son los más cool de los adolescentes desgarbados. O Cave de 17 viendo a The Saints, banda punk australiana que incluso sacó un disco, I’m Stranded, antes que los Sex Pistols, con todo el asombro de quien va a superar a sus maestros. Por esa época, 1975, hay una carta de las autoridades de la escuela secundaria de Caulfield a Colin Cave, el padre: “Tenemos dificultades en conseguir la cooperación de Nicholas. Tiene una notable falta de respeto por la autoridad y falta de inclinación en recibir instrucciones. No actúa solo, sino con amigos que apoyan y estimulan este espíritu”.

La actitud no mejoró.

Esta primera etapa está dominada por las listas y el amor. Cave hace muchas listas en su prolija letra manuscrita. Y también le escribe mensajes en sangre a Anita (con su sangre, no solo rojos). “Estoy borracho pero te amo”. Anita le devuelve la confesión con un retrato donde él está pintado de rojo, el pelo azul, ante el micrófono. La lista de compras incluye tintura, una camisa de flores y un crucifijo. La lista de cosas que no le gustan de Boys Next Door incluye “los sintetizadores como instrumento” y “el 50 por ciento de nuestro material”. Hay también fotogramas del video “Nick The Stripper”, de The Birthday Party, que se grabó en un basural en las afueras de Melbourne y dirigió John Hillcoat, el realizador de La carretera (con Viggo Mortensen).

Pero quizá lo más notable en el proceso creativo sean las letras y los cuadernos. De joven, cuando estaba escribiendo su novela Y el Asno vio al Angel (1989) en Berlín, por ejemplo, hacía libros artesanales. Mucha gente ignora que Nick Cave quería ser pintor. Toda su obra tiene enormes influencias de la pintura, aunque él no suele hablar de eso (o no se lo preguntan). Estos cuadernos, dice, “son residuos terribles de una mente demasiado estimulada”. Están hechos con sangre, pelo, pegamento, objetos encontrados, imágenes religiosas –estampitas o reproducciones arrancadas de libros-- fotos porno, imágenes kitsch. Un Evangelio según San Juan intervenido. Un collage de San Judas: “es una combinación satisfactoria de cosas que me gustan, santos decapitados, pelo y fechas selladas”.

La sangre está muy presente en esos años, pero no en plan vampirismo. Para nada. Dice Cave: “Cuando eres un usuario de drogas intravenosas, la sangre desempeña un papel muy importante en tu vida”. El pelo es otra constante e incluso hay una inquietante caja llena de mechones. Pero la historia no es morbosa, al menos no la de Cave y ese pelo: lo encontró en 1985 en una feria callejera de Berlín y la caja es de bombones. “Es una de mis posesiones más preciadas”. Las cosas cuenta, a veces disparan canciones: una estampita fue la primera imagen para “Watching Alice” de Tender Prey (1988) y un insecto atrapado en un pisapapeles originó “Girl in Amber” de Skeleton Tree (2016).

También está la respuesta a ese bolsito que decía “Kylie”, evidente merchandising de Kylie Minogue, con el que Cave cargaba a principios de los 90. No se lo regaló ella ni lo compró en un show: aún no se conocían. “Una noche en Manchester salí muy drogado y terminé en la casa de un tipo que no conocía. Tenía el bolso y se lo pedí. Lo usé todo lo que pude y estoy orgulloso de nunca haberlo perdido”. Otros amores y obsesiones: Deanna Bond, la mujer que inspiró “Deanna” de Tender Prey aparece en una foto hermosa, pero poco después lo dejó justamente por haberle escrito una canción de amor. “Es la pesadilla de mi vida”, le dijo ella. Y cuadros de Louis Wain, el pintor de gatos que murió en un hospital para pacientes psiquiátricos, uno de los favoritos de Cave.

Para los locales: entre los varios objetos de cerámica hay un busto de Jesús comprado en San Telmo, registro de aquellos increíbles shows de los 90 cuando vino a tocar Murder Ballads.

La estatuilla comprada en Buenos Aires, en 1996

LA PLUMA Y LA PALABRA

Lo escrito es predominante y cada papel fotografiado es una invitación a comparar las letras ahí escritas con las originales y ver cómo las canciones evolucionan. Una de sus novelas, La muerte de Bunny Munro (2009), la escribió a mano –o gran parte--, y aquí están las palabras manuscritas para dar fe. Hay muchísimos dibujos de mujeres desnudas, eróticos en algunos casos –Cave dice que es su equivalente a hacer garabatos cuando habla por teléfono, que no los considera arte sino una especie de movimiento involuntario–. Desde Push The Sky Away(2013) hay una artista australiana, Jillian Burt que le regala cuadernos. Y cada cuaderno es un disco, con todas las anotaciones, los dibujos, los collages. Pero uno solo: un cuaderno, un disco. Cuando las letras están terminadas, las pasa a máquina y las pega en el cuaderno. Después se van al estudio para grabar.

El de Ghosteen (2019) lo perdió. Quizá el más importante para Nick Cave. Dice que espera que aparezca, pero sabe que no.

El texto que acompaña la curaduría es de Darcey Steinke, escritora, autora de cinco novelas y de un memoir espiritual, Easter Everywhere (2007), además de ser editora de ensayos sobre el Nuevo Testamento y de cubrir para la revista Spin la secta de David Koresh y su terrible final en Waco, Texas. También escribió bastante sobre Kurt Cobain. Los pergaminos necesarios para escribir sobre Cave. Su ensayo es excelente y se apoya, sobre todo, en el aspecto teológico de la obra de Nick Cave, un ángulo que es cada vez más importante –como lo es y fue para Leonard Cohen y Bob Dylan: no puede ser casual–. Steinke empieza contando cómo, cuando hacía una residencia en la casa de William Faulkner en Mississippi (que además es un museo) veía dos por tres a chicos góticos muertos de calor que se acercaban en peregrinación. Uno de ellos, japonés, le dejó a Faulkner como ofrenda la novela Y el asno vio al ángel de Nick Cave, algo que Steinke encontró cuando, como siempre, iba a ver qué dejaban los turistas y lectores cuando se iban. El ensayo piensa en Faulkner y Cave, en Elvis como Jesús (Tupelo, el lugar del nacimiento de Presley, es muy cerca de la casa de Faulkner), en Johnny Cash. En la rabia, lo gótico, lo sexual, la melancolía. Y dice algunas cosas notables. “La oscuridad no tiene por qué ser nihilista”, por ejemplo. “Elvis es el Jesús del rock. Robert Johnson es el fundador y el santo”. “La teología de Cave, como toda fe verdadera, se alimenta de la duda y está siempre transformándose. Sus canciones actúan como un contrapeso al obstinado optimismo de nuestra cultura que niega la oscuridad que todos en esta vida debemos afrontar”.

Y después se acuerda de su abuelo, pastor evangélico. En el miedo que le daba. En lo atractivo que era. En su traje negro. Y afirma: Cave actúa como un pastor y por eso es tan fuerte lo que hace en el escenario. Porque el front man original es el predicador.