HASTA LA RAÍZ

Por Claudio Pombinho

El patio lleno de plantas se ve demasiado soleado como para tratarse de Londres. Nubya saluda desde el otro lado de la pantalla y enseguida aclara que no, todo ese sol por supuesto no es Londres sino Brasil, donde ahora mismo está de lo más feliz tomándose unos días de descanso que ya terminan: esta semana arremeterá junto a su banda con un mini tour por Sudamérica que la tendrá el martes en Santiago de Chile, el miércoles en Buenos Aires y el viernes en San Pablo. “Estoy muy ansiosa, ¡hace siglos que quiero tocar en Argentina!”, cuenta entusiasmada, y se corre de la cara un mechón enrulado del nuevo look de pelo corto que estrenará en estos shows.

Madre guyanesa, padre trinitense, saxofonista desde sus diez años de edad, Nubya nació en los suburbios londinenses en 1991 y hoy es una de las referentes principales del UK Jazz, el movimiento cultural que cobró fuerza en la década pasada en medio del furor con ínfulas de pureza del Brexit. Fue en ese complejo contexto que una nueva generación de artistas descendientes de las colonias tomó por asalto clubes, bares y teatros de Londres para dar forma a la escena más vibrante de esa ciudad en décadas. Shabaka Hutchings (con sus bandas Sons of Kemet y Comets Are Coming), Ezra Collective, Moses Boyd o Sheila Maurice-Grey (que además de liderar la orquesta Kokoroko participa junto a Nubya en el sexteto Nérija) son solo un puñado de las bandas y artistas de esta movida cuya esencia nace de lo que la etiqueta no nombra: ritmos africanos y caribeños, dub, afrobeat, soundsystems y celebraciones tradicionales en plazas, casas y callejones, todo procesado en una sensibilidad contemporánea con restos de psicodelia y electrónica y mucho baile y experimentación.

Mucho de todo eso hay en Source, el disco debut de Nubya, publicado en agosto de 2020. Y en Source ++ We Move, el disco de remixes que editó al año siguiente para expandir los límites de su sonido, el mismo que llevó a Iggy Pop, siempre con una oreja puesta en lo nuevo, a declararle su amor a los 76: “Cuando me dicen que la música de ahora no es como solía ser les digo que escuchen el remix del tema ‘Pace’, de Nubya Garcia”. Shabaka, que con una década más encima es de alguna manera el padrino de la escena, apuntó: “Toca una sola nota y ya te das cuenta de lo que es. Nunca trató de encontrar su posición: desde el comienzo ya la tenía bien definida”.

Nubya no aparta los pies de su tierra: “Pensar en la fuente o el origen de algo puede llevarte a pensar en su fuerza interna, pero este disco nació de la fuerza colectiva, de todo lo que aprendí de mi familia, de mis ancestros y de mi comunidad, con la que nos acompañamos de una manera muy grande para poder hacer lo que queremos y como queremos”. Ya algo de todo esto había anticipado en 2009 el poeta, crítico y ensayista norteamericano Amiri Baraka. Lo hizo a sus setenta y cinco años de edad, poco antes de morir, en el prólogo que escribió para la reedición de su clásico libro Black Music: Free Jazz y Conciencia Negra: “El término Black Music identifica a los jóvenes guerreros de nuestros ejércitos de música libre. La matriz cultural reaccionaria ocultó estas músicas durante años, pero en estos días hay signos de que otra ola viene en camino”.

La idea de comunidad está muy presente en esta camada que supo nadar a contracorriente hasta imponer lo suyo (los músicos negros británicos, se sabe, nunca fueron muy considerados en la industria for export de la isla). Y siempre con la idea de llevar su música desde la academia a la calle: “A la gente le vendieron la mentira de que el jazz es solo para unos pocos”, lanza Nubya, y enseguida se explaya con entusiasmo sobre la movida. “Haber crecido dentro de la diáspora hizo que tuviéramos mucha información no solo sobre música negra sino también sobre muchos eventos. Cuando empezamos, si había algún evento sin música en vivo buscábamos la manera de que la tuviera. Y lo promocionábamos como para que hubiera gente joven que viniera a vernos”, recuerda. “O sea... Todo bien con los eventos municipales de jazz en el parque, pero solo va gente grande ahí. Y es muy diferente cuando estás tocando y también ves gente de tu edad. Ahí se genera ese sentimiento de unidad, de comunidad. Y a la vez todo el tiempo nos invitamos a tocar en los shows del otro, y no nos guardamos información: vivimos consultándonos sobre tal estudio, tal lugar para tocar, tal promotor. No tenemos una mentalidad de mesa chica, viendo a quién vamos a dejar sentar y a quién no. Al contrario, si hay algo que aprendimos de nuestras generaciones anteriores es esta mentalidad de ‘una persona le enseña una persona’”.

Se frena y ríe: “Fue una respuesta medio larga, ¿no?”.

Adama Jalloh

Nubya volvió en estos días a los titulares de las revistas y sitios de música de su país a partir de su rol bien al frente en London Brew, el colectivo de dieciséis artistas reunidos para celebrar el 50 aniversario del disco Bitches Brew de Miles Davis. Todo comenzó en 2020. La saxofonista acababa de editar su debut pero los shows de presentación eran cancelados en cadena, y uno de ellos fue ese homenaje al clásico de Miles armado por el ingeniero de sonido y productor Bruce Lampcov (Lou Reed, Euryhtmics), quien poco antes había firmado un contrato para administrar el catálogo del trompetista. Lampcov convocó a Nubya y Shabaka para que estuvieran al frente con sus saxos, y alrededor de ellos armó una banda con la crème de la crème de la movida.

Tras la cancelación, el productor decidió reunir a los músicos en una única sesión de grabación con una sola consigna: improvisar. El plan era homenajear el disco de manera más conceptual que literal: “Fueron horas y horas de improvisaciones increíbles que luego hubo que editar. ¡No tenía idea de cómo iba a ser hasta que lo escuché!”, ríe Nubya en referencia al álbum que finalmente apareció a fines de marzo de este año. Y agrega: “Tener la oportunidad de entrar en medio de la pandemia a ese estudio y con esos músicos increíbles fue algo de verdad especial. Todo un día entero en el reino de la improvisación. Donde no hay nada equivocado que puedas hacer, salvo pretender tocar todo el tiempo o esperar con ansiedad tu turno sin realmente escuchar lo que sucede alrededor”.

Un viaje en 2001 al carnaval de Trinidad y Tobago marcó el momento en que Nubya supo que iba a dedicarse a ser quien es hoy. “En casa se escuchaba mucho reggae, dub, música clásica y pop de los ’70 y los ’80. Pero una influencia muy grande de aquellos días fue visitar ese carnaval con mi papá y mi hermana mayor cuando tenía diez”, recuerda. “Estaba fascinada y en trance con los colores brillantes, la música súper fuerte, las mujeres con sus ropas, sus bailes, sus sonrisas. Eran almas increíbles, y pasaba de todo en todas partes. Imaginate, yo tenía diez años, no sabía ni para dónde mirar. Había ido a muchos carnavales en Notting Hill, pero esto era otro universo. Experimentar esa vitalidad multidimensional de la soca y el calipso me cambió la vida. Desde entonces siento que gravito alrededor de esos sonidos, los busco constantemente”.

De vuelta en su casa recordó un clarinete que su hermana había usado y luego abandonado. “Era un clarinete todo roto, más viejo que el demonio”, ríe. “Tenía toda esta historia encima relacionada con que era de mi familia desde la época de la guerra, y todo eso me resultaba fascinante. Y me lo tomé en serio. O sea, no como un juguete, sino que empecé a leer libros que había en casa para aprender técnicas de digitación y esas cosas”. Pronto su mamá le regaló un saxo y comenzó un precoz recorrido que la llevó a ser parte de la Camden Jazz Band, dirigida por la pianista Nikki Yeoh. A partir de allí logró ingresar a un programa juvenil de jazz en la Royal Academy of Music, y durante la secundaria recibió una beca para cruzar el océano y asistir a un campamento de cinco semanas en el Berklee College de Boston. Poco después comenzó a estudiar en el prestigioso Trinity Laban de Londres, donde se graduaría con honores en 2016. Pero la instancia de formación a la que guarda más cariño es el programa independiente Tomorrow’s Warriors, creado en 1991 para acompañar en su desarrollo a artistas jóvenes de zonas y minorías vulneradas y ofrecerles recursos para progresar con sus instrumentos. En ese semillero se formaron –además de Nubya– Shabaka Hutchings, Moses Boyd, Sheila Maurice-Grey y otros referentes de la movida como Theon Cross o Cassie Kinoshi.

“Es una organización que comenzó siendo muy pequeña y fue creciendo con los años”, cuenta Nubya. “Cuando sos joven, tener un espacio como ese donde podés practicar todo el día sin molestar a familiares o vecinos es fundamental. El hecho de no tener recursos o lugares donde ensayar lleva a que muchos jóvenes no puedan continuar con su música. Y yo me la pasaba ahí adentro, metiéndome en vestuarios, salas o pasillos vacíos para practicar todo el día”, ríe. “Ahí también fui conociendo a chicas y chicos que estaban en la misma, y nos la pasábamos alentándonos y diciéndonos cosas como ‘Vamos a lograrlo, vamos a tocar ahí y allá y lo vamos a hacer de esta y esta manera’. Nos conocemos desde muy jóvenes, y todo eso fue muy importante para crear este sentido de unión en nuestra generación”.

Foto: Adama Jalloh

A sus 26, un año después de graduarse en Trinity Laban, editó el EP Nubya’s 5. Al año siguiente publicó otro EP, When We Are, con dos nuevas pistas y sus correspondientes remixes en la cara B. La crítica empezó desde entonces a escribir maravillas sobre su talento compositivo y sus virtudes como instrumentista, pero fue un nuevo viaje a Latinoamérica, esta vez a Colombia, en 2019, lo que determinaría otro giro decisivo en su vida. Uno que a su vez marcaría la impronta de una de las piezas principales de Source, “La cumbia me está llamando”, interpretada en el disco junto a las integrantes colombianas de La Perla, el trío femenino bogotano de actitud punk que rescata la cumbia y el bullerengue de raíz en su psicodélico esplendor.

“¡Dios, Timbiquí! ¡Qué lugar! ¡Y el viiiicheeee!”, suelta Nubya casi gritando y haciendo referencia al trago de caña molida destilada que recientemente fue declarado patrimonio de las comunidades afrocolombianas. “Fueron unos días fantásticos. Cuando miro hacia atrás no puedo creer que estuve en ese lugar hermoso. Su cultura, su manera de vivir junto al río, su sentido de unión, escuchar su música y ver a todos bailar, cantar... Todos los días era viche y baile. Y comida, y las historias que contaban, y yo desesperada tratando de entender lo que decían”. En esos viajes conoció a las integrantes de La Perla: “Son increíbles. Después fueron a tocar a Londres y fue... Wow, me volaron la cabeza. Soy bastante insegura y no suelo acercarme a nadie, pero ya las había conocido así que cuando terminaron el show fui tipo ‘¡Hola!’, y empezamos a conversar. Yo iba a volver a Colombia en dos meses, entonces arreglamos para hacer algo allá y así fue como terminamos grabando ‘La cumbia me está llamando’. Todo lo que pasó hasta llegar a esa canción fue un viaje increíble para mí”.

El miércoles en Buenos Aires estará acompañada por Sam Jones en baterías y Daniel Casimir en contrabajo (ambos miembros de la banda estable de Nubya desde sus comienzos, a la par de sus propios proyectos paralelos) y el agregado del joven y premiado Deschanel Gordon en teclados. El show forma parte del South London Festival, que comienza el martes con Richard Coleman y Dry Cleaning. A propósito de la manera en que encara sus shows, Nubya apunta: “Cada presentación es una reimaginación del disco. Hacemos cosas como en el álbum y otras de manera diferente”. Y concluye: “Siempre tenemos la opción de ir hacia donde queremos, de improvisar mucho para que las canciones se sigan sintiendo nuevas. Creo que si de algo nos dimos cuenta en la pandemia fue de la importancia de la creación en vivo, de esa posibilidad de alinearte con una energía con la que no siempre podés estar en sintonía. El arte importa, y mucho. Sé que suena idealista. Pero nos merecemos ser idealistas, ¿no?”.

Nubya García toca el miércoles, con el grupo Fernández 4 como apertura. Será en Niceto, Niceto Vega 5510. A las 20.