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Domingo, 17 de abril de 2016

CINE › LA COMPETENCIA ARGENTINA NO PERMITE HACER GRANDES PRONOSTICOS

De tonos y lenguajes bien diferentes

En Hierba, el prolífico Raúl Perrone hace un ejercicio de cine mudo que se cruza con lo pictórico; Finding Sofia responde al modelo de cine indie off Hollywood. La cordobesa Primero enero y Quizás hoy, en tanto, hacen gala de un formato pequeño, hecho a pulmón.

 Por Horacio Bernades

Con un total de dieciséis películas, este año la Competencia Argentina del Bafici presenta menos nombres consagrados que en otras ocasiones. Está, como no podía ser de otro modo, el infaltable Raúl Perrone, con su largo Nº 33, Hierba, y otros nombres conocidos son los de Santiago Giralt, Marco Berger y Eduardo Crespo. El resto son, en su enorme mayoría, debutantes, por lo cual puede preverse menos que nunca para dónde irá esta competencia este año.

Rompió el fuego Perrone, como el patriarca que en alguna fiesta familiar de antaño corta la torta ante el resto de la familia. Tan silente como todas sus películas recientes, Hierba representa una paráfrasis en movimiento de Almuerzo sobre la hierba, el clásico de Manet de 1863. Grabada en digital en el clásico formato de cuadro casi cuadrado del cine mudo, la nueva película de Perrone (aunque ya tiene lista una posterior, por supuesto) está enteramente compuesta de planos fijos, con actores en los primeros planos y proyecciones al fondo, en algunos casos pictóricas y en otros de imágenes en movimiento. En el primer encuadre Perrone presenta una reproducción del original, con esos dos señores vestidos y una de las dos damas no. De allí en más focaliza en primeros planos de los personajes y en la dinámica entre ellos, que incluyen básicamente deseo erótico y rivalidades masculinas, agregando la aparición de dos cazadores, que traerán una dosis de violencia. Las referencias al cine mudo incluyen, sobre todo al comienzo, gruesos maquillajes y exagerada y melodramática expresividad, que luego cede a un estilo menos cargado. ¿A qué obedece ese cambio de estilo actoral? No está muy claro. Como tampoco la clase de diálogo que se quiere establecer entre cine y pintura, si es que lo hay. Los actores tienden a deambular lentamente por el cuadro, los 65 minutos se estiran y algunos esfumados y sobreimpresiones practicados ya en Favula, aunque bonitos, parecen más manieristas que oniristas. Iluminación y tonalidades muy elegantes, sin duda, y música poderosa.

Opera prima de Nico Casavecchia, Finding Sofía es una de esas películas raras para el Bafici, de tan mainstream que parecen. Coproducción bilingüe entre Estados Unidos y Argentina, con actores de ambas procedencias, responde cabalmente al modelo de cine indie off Hollywood, producida con lo que por allí se llaman “valores de producción”, sólida y transparentemente narrada, “apta para todo público” y sin mayores transgresiones... si no fuera que no se sabe muy bien en qué género encasillarla: demasiado llana para lo que Hollywood llama drama y demasiado incómoda para lo que se considera comedia. Y, sobre todo, que termina con lo que es una verdadera patada al hígado para cualquier espectador. Conclusión: está perfectamente incluida en el Bafici, porque no responde a esquemas preconcebidos.

Un treintañero neoyorquino, que quiere dirigir cine de animación, la pega en YouTube con un video viral, perfectamente estúpido, de dos tomates bailarines. Dos millones de visitas. Le ofrecen una lucrativa campaña para un yogur, pero al mismo tiempo una argentina que le gusteó por Facebook (siempre hay un argentino para todo) le muestra las tetas por Twitter. El muchacho se deja llevar por el arrebato, se saca un pasaje, cae acá sin saber una palabra de castellano y casi sin equipaje y va a parar al Tigre, donde la chica vive con su novio, un pintor peronista y psicopatón (Rafael Spregelburd) y la ayudante de éste, una especie de sumisa esclava artística. De ahí en más, juegos de sexo y poder, caldo gordo muy bien cocinado por Casavecchia –que no parece debutante– y dos protagonistas simplemente extraordinarios: Sam Huntington (fue Jimmy Olsen en Superman vuelve) y Andrea Carballo. Como diría el finado Roger Ebert: dos pulgares arriba para Finding Sofía.

Producida por El Calefón Cine, compañía que estuvo detrás de los excelentes documentales Criada (2009) y Yatasto (2011), el film cordobés Primero enero es pequeñísimo. Un padre y su hijo pasan unos días en las sierras. Ese es el texto. Lo demás, que va asomando muy de a poco y determina no tanto lo que sucede como la dinámica emocional de lo que se juega entre padre e hijo, es el subtexto, que tiene una importancia enorme. El lazo entre padre e hijo, reforzado por la pesca en una hoya, la subida a una montaña, la contemplación del cielo y las estrellas, los juegos bajo el agua, es fuerte, pero tanto o más fuerte es el que tienen (sobre todo el pequeño, claro) con la madre ausente. Ausente desde hace poco y presente ahora en el recuerdo del chico o en alguna comunicación telefónica, produciendo algunas grietas en la relación con el padre. La presencia de una pequeña vecina anuncia próximos comienzos y la escena final, bella y melancólica, cierres inesperados. Que padre e hijo estén interpretados por padre e hijo en la vida real garantiza la clase de confianza que el tiempo de un rodaje normalmente no permite ganar, mientras el realizador y guionista Darío Mascambroni da con la distancia justa, tanto en el plano físico como en el emocional.

“Pedaleo, pedaleo, recontra al pedo, siempre al pedo”, canta para sí Miguel, protagonista de Quizás hoy, ópera prima de Sergio Corach (que es, sí, hijo del ex ministro). Miguel anda por los 30 y tiene una vida como de 15. Vive solo pero trabaja de cadete en un estudio jurídico, no tiene proyectos personales ni relaciones estables con chicas, y cuando encuentra alguna que le gusta se siente el peor estropajo sobre la tierra. Miguel es, en verdad, un concentrado de negatividad. Negatividad que vuelca tanto en sus monólogos interiores como en el diario íntimo que lleva en un cuaderno, y que el film transcribe no en off sino en forma de subtítulos. Un día se cruza con un ex compañero de secundario que parece su contracara. Se cruza una vez, se cruza dos y parecería que la suerte llama. A partir de ese momento, casualidad y causalidad inician una lucha por el poder, con Miguel como agonista. Filmada en un blanco y negro de baja definición (es evidente que la película se produjo a pulmón y no intenta ocultarlo) y no sin algunos resbalones (tonos actorales, algún diálogo desajustadamente literario, alguna escena fallida), Quizás hoy queda finalmente a mitad de camino entre el sentido onettiano de la vida y el cuento de hadas urbano. En lo que sí acierta es en su pintura urbana in extenso, eso sí.

* Hierba se verá por última vez mañana a las 20.30 en el Atlas Belgrano 3. Finding Sofía, hoy a las 18.35 en la sala 2 del Centro Cultural San Martín. Primero enero, el martes 19 a las 23.10 en Village Caballito 8. Quizás hoy, el miércoles 20 a las 13 en Atlas Belgrano 3.

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Hierba representa una paráfrasis en movimiento de la pintura Almuerzo sobre la hierba.
 
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