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Viernes, 30 de octubre de 2009

CINE › SE INAUGURA LA MUESTRA CORTOS DE ANIMACION SOVIETICOS, CON ENTRADA GRATUITA

La revolución es un dibujo eterno

El ciclo, que se desarrollará en la sede de la Facultad de Sociales de la UBA, incluye doce cortos de animación producidos durante la etapa de la ex Unión Soviética. Y da cuenta del esfuerzo puesto en la construcción de un cine que resaltara los valores del socialismo.

 Por Oscar Ranzani

La Unión Soviética fue tierra fértil para que nacieran allí nombres importantes en la historia del cine contemporáneo como Sergei Eisenstein, Lev Kuleshov, Vsevolod Pudovkin y Dziga Vertov, entre otros. Los realizadores de cine de animación, en cambio, no llegaron a ocupar esos lugares consagratorios, pero fueron parte de la construcción de un cine encargado de resaltar los valores de la revolución. Una posibilidad para conocer este material poco o nada difundido es el ciclo Cortos de Animación Soviéticos. Organizada por la Dirección de Cultura, dependiente de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y el grupo cultural El Camalote, la muestra incluye doce audiovisuales: la primera mitad se exhibirá hoy a las 21 en la sede de Marcelo T. de Alvear 2230 (Aula 100, 1er. piso), con entrada gratuita. La segunda y última parte del ciclo, en tanto, se presentará el viernes 6 de noviembre, a las 21 en el mismo sitio. El corte temporal de la muestra abarca desde el primer corto de animación de la URSS (1924) hasta mediados de la década del ’80, fecha cercana a la caída del campo socialista. “Tratamos de abarcar las diferentes concepciones por las que fue pasando el pensamiento soviético”, señala el programador del ciclo, Patricio Gallego. “En las proyecciones intentaremos señalar en qué contexto fueron situados. Los cortos dejan una lectura por sí mismos, pero entendiendo el lugar en la historia en que fueron hechos simbolizan y significan algo mucho más fuerte.”

En La armónica de vidrio (1968), de Andrei Khrzhanovski, un artesano construye ese instrumento y mientras se dirige a una ciudad donde sus habitantes sólo piensan en el dinero, se topa con un burócrata que rompe el elemento que fabricó. “En este corto se ve la degradación que produce en el hombre la cultura occidental capitalista, donde el llevar una vida a partir de la ambición, la avaricia de acumulación de riquezas, degrada el espíritu humano”, explica Gallego, quien agrega que “el espíritu del armoniquista no tiene nada que ver con una lógica de mercado. Entonces, el burócrata viene a poner ‘orden’ entre lo que es beneficioso para el mercado y lo que le juega en contra”.

A través de la sonorización del “Ave María”, de Schubert, el corto homónimo de Ivan Ivanov-Vano (1972) es un alegato contra la agresión militar de Estados Unidos a Vietnam. “El objetivo de este corto fue el de ubicar a la URSS en un lugar de defensa de los valores morales de la humanidad. En ese sentido, al incorporar el ‘Ave María’ excedía al mundo soviético, para transformarse en símbolo de una defensa de los valores morales de Occidente, que se venía degradando con una guerra que las imágenes dejan ver como cruentas y que, obviamente, lo fue”, comenta Gallego. Al utilizar el “Ave María”, entonces, el director desistió de emplear la simbología soviética: de esta manera, lo hizo también entendible para el mundo occidental, conocedor de ese símbolo musical religioso surgido de sus entrañas.

Nosotros podemos hacerlo (1970), de Lev Atamanov, tiene un mensaje antimilitarista y fue realizado en plena era del llamado al de-sarme nuclear de aquellos años. En la historia que narra, el nazismo está representado por un pájaro negro que se va comiendo todo y que va creciendo de tamaño. “No casualmente es alimentado por un militar estadounidense y otro inglés. Hay una lectura antimilitarista de la alimentación armamentística de este pájaro, porque la defensa ante eso es la unión de la sociedad civil, en contra de la necesidad de alimentar la guerra”, analiza el programador.

Un campo de concentración nazi es el escenario en el que unos prisioneros rusos construyen un Quijote de metal. El corto se titula El cuento de un juguete (1984) y fue dirigido por B. Ablinin, quien combinó la animación con fotografías e imágenes reales: comienza con la Guerra Civil Española y cierra con el golpe de Estado al presidente constitucional de Chile, Salvador Allende. “Está también cargado de simbolismos: el Quijote representa la fuerza del personaje que lucha contra una fuerza que es mucho mayor que él. Ese dibujo del Quijote viene a representar la resistencia ante enemigos enormes que si bien existían y fueron victoriosos como en el triste caso de la dictadura de Franco, no por eso el director dejó de resaltar la figura de la resistencia ante esos embates fascistas”, subraya Gallego.

Cinema Circus (1942), de L. Amalrik y O. Khodataeva, es lisa y llanamente una burla a Hitler y fue realizado durante la Segunda Guerra Mundial. “Es la caricatura de Hitler como un Napoleón loco. Al estar realizado durante la Segunda Guerra, la carga de burla es mayor que en otros anteriores”, explica Gallego. En tanto, Juguetes soviéticos (1924), de Dziga Vertov, es considerado el primer film de dibujos animados realizado en la URSS: refleja una época de conflicto a través del contrapunto entre la unión proletariado obrero-campesinado y el “cerdo burgués” (dibujado literalmente como un cerdo), donde el protagonista representa al enemigo manifiesto de la Revolución Rusa.

La lógica capitalista con toda su perversidad está presente en Polígono de tiro (1979), de Vladimir Tarasov: un ciudadano estadounidense consigue un “empleo” que consiste en ser blanco viviente en el polígono. De esa manera, al ofrecer esta “novedad” de poder dispararle a un ser humano, el patrón tiene la oportunidad de duplicar sus ganancias con los potenciales clientes. A través de esta situación, el film establece una mirada crítica sobre la deshumanización que provoca el capitalismo y denuncia la pérdida del valor de la vida que promueve este sistema.

El millonario (1963), de la dupla Bordzilovsky-Prytkov, cuestiona el sistema político norteamericano: una mujer con mucho dinero le deja un millón de dólares a su mascota y el perro puede acceder nada menos que al Senado. “El corto denuncia que el único valor occidental es el dinero. No importa quién lo tenga. Basta que uno posea dinero para que pueda alcanzar cualquier logro, ya sea político o de otros aspectos. Entonces, denuncia la falta de valores éticos de la sociedad occidental”, explica el programador. Gallego agrega que esto último es una línea que se puede trazar en todos los cortos: “La denuncia de cierta degradación ética del mundo occidental. A veces, queda sólo en esa denuncia, y en otras ocasiones, también se resaltan los valores éticos de la URSS”.

* La programación completa puede consultarse en www.culturasociales.blogspot.com y en www.elcamalote.com.ar.

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Cinema Circus se verá en el ciclo Cortos de Animación Soviéticos.
 
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