CIENCIA › LUIS ANGEL CASTELLO, INVESTIGADOR EN LENGUAS CLASICAS DE LA UNSAM

“Canta, oh Musa, la cólera de Aquiles”

El jinete hipotético, que es decidido y totalmente protroyano, lamenta que la caída de Troya se haya producido con un caballo de madera. Y lamenta también que la Moria haya impedido al propio Zeus salvarla.

 Por Leonardo Moledo

“y éstos fueron
los funerales de Héctor,
domador de caballos”

Verso final de La Ilíada

–Usted es doctor en Filosofía y Letras y se dedica a...

–Básicamente a la docencia y a mis alumnos de la Escuela de Humanidades de la Universidad de San Martín (Unsam), la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el profesorado IES Nro 1. No obstante en la vida académica actual quienes no descuidamos la docencia y el aula vivimos una constante tensión.

–Y en el ámbito de la investigación se dedica al griego clásico.

–Exactamente. Cuando hablamos de griego clásico hablamos del griego de Platón y Aristóteles, de los trágicos, de los historiadores. Para llegar a Homero hace falta una mediación que implica un paso posterior. El griego clásico es el que ha sido difundido por Alejandro Magno, el más conocido, y el fundamental por los autores que han escrito en este griego.

–Y cuénteme ¿qué es lo que investiga?

–Bueno, por un lado investigo la manera de transmitirlo, de determinar cómo puedo lograr que un alumno que ni siquiera conoce ese alfabeto pueda leer unas líneas de Platón o de Eurípides. Por otro lado, me preocupo en agilizar el método, para que no escape de la lengua.

–¿Por qué nos interesa saber griego clásico?

–En primer lugar, el conocimiento vale por sí mismo. En segundo lugar, es la base de nuestra cultura occidental. En el fondo, y esto es lo más ambicioso, creo que saber la lengua y la filosofía griega ayuda a pensar la problemática de América latina, porque nuestra cultura proviene de allí.

–¿Usted se dedica también a la filosofía de la Antigüedad?

–Claro. Tanto es así que en mi cátedra de la UBA de Griego Clásico hay tres docentes que son egresados de Filosofía. La filosofía, aunque en esta época posmoderna pueda parecer un escándalo, nació para hacer mejores a los hombres, de manera que a través de la selección de textos que hago me interesa encontrar aquellas cosas que hacen que el alumno vea algo afín a lo que estudian.

–¿Cuál es la distancia lingüística entre el griego de Platón y el de Homero?

–Los términos “lengua” y “dialecto” están muy difundidos, aunque en verdad no están demasiado bien definidos. Porque... ¿quién determina qué es una lengua y qué es un dialecto? Son circunstancias ajenas a la lengua las que hacen que una comunidad se erija en la que tiene el poder e imponga su lengua, relegando a las demás a un lugar dialectal. De manera que Homero es una lengua griega, el ático es otra lengua griega... Las diferencias son como las que hay entre el galaico-portugués y el castellano: presupone una serie de particularidades verbales y morfológicas. La tradición homérica, como usted sabe, es oral...

–Si bien todavía es un misterio, ahora hay una teoría que dice que La Ilíada habría sido escrita.

–Es un tema complicado. Evidentemente sería difícil que una obra de la magnitud de La Ilíada, de casi 30 mil versos, fuera enteramente oral, porque creo que se hubiese diseminado. ¿Entonces Homero escribió? No. Un hombre que escribe esa obra no utilizaría todos los rasgos de oralidad que se encuentran en la obra. ¿Cuál es, entonces, la clave, si ni la pura oralidad ni la pura escritura pueden dar cuenta de ella? Yo sostengo la hipótesis de que fue un texto dictado. Es una hipótesis muy reciente. Homero, de acuerdo con esta hipótesis, es un aedo genial pero cuya existencia coincide con la época del inicio de la escritura. Si el aedo, acostumbrado a cantar, pierde mucho sometiéndose al que escribe, también gana mucho por otro lado: tiene más tiempo para seleccionar los mejores pasajes de la tradición, para no estar presionado por una audiencia que exige constantemente cambiar de tema. Para mí el secreto de La Ilíada y LaOdisea es explicable por la hipótesis del texto dictado. Creo que Homero tuvo la suerte de coincidir con el surgimiento de la escritura. Su texto pudo ser fijado y mantener ese valor mágico, único...

–¿Es un procedimiento normal en la historia de los pueblos la aparición de un poema heroico y fundacional? Porque La Ilíada y La Odisea fueron no sólo bellos sino fundacionales. Una vez no me acuerdo qué ciudad se presentó ante el Senado para pedir una alianza y su argumento era que no aparecían en la descripción de Homero en La Ilíada.

–Es evidente que para aglutinar el imaginario de una comunidad, en un sitio donde no hay escritura, ni leyes, ni código civil, ni código penal, incluso para organizar la política y la ética, tengo que montar todo sobre una saga narrativa para que pueda ser memorizado. En lugar de decir simplemente “sé valiente”, puedo decir “sé como Aquiles y luchá como él”.

–Es un código moral...

–Claro, que llama a ser como Aquiles...

–O como Héctor...

–Es que en el fondo lo que une a Aquiles y a Héctor es mucho más de lo que los separa. Hay una diferencia de postura ante lo trágico. Aquiles está instalado en lo trágico, sabe que va a morir. En cambio, Héctor, hasta último momento, vacila. Héctor cree que le puede ganar a Aquiles.

–Pero si Aquiles es invulnerable...

–Eso nos remite a otro tema. En La Ilíada y La Odisea, más allá de que Zeus amaga con intervenir directamente, nunca se enfrenta con la Moira. Ahora bien, Aquiles no es invulnerable, de hecho, muere en Troya...

–Y bueno, porque le dan en el talón.

–Eso, para mí, es anecdótico. El asunto es que la arbitrariedad en el plano trascendente con respecto a lo que ocurre en la vida humana es una constante de la cosmovisión griega. Por eso me da la impresión de que Aquiles tiene más certeza de lo que va a pasar, y lo acepta de entrada. Héctor, en cambio, siente que puede salvar a Troya y que puede vencer a Aquiles. Creo que Aquiles tiene una envergadura trágica mayor.

–En algún momento pareciera ser que Troya se puede salvar...

–No se puede salvar Troya. Troya ha de caer, está decretado. Los dioses pueden a lo sumo retardar esa caída.

–¿Y cuando Hera le ofrece a Zeus tres ciudades con tal de que salve Troya? ¿Qué pasaba si decía que sí?

–No podía decir que sí. Hay, además, una verdad de hecho: en esta mezcla de mito e historia tan indiscernible entre los antiguos, Troya ya había caído. Esto se enrola con el exacto lugar que los antiguos se asignaban a sí mismos como humanos. La naturaleza humana nos precede y nos va a suceder: quienes pasamos somos nosotros. Hay un orden que no nos tiene a nosotros en un lugar privilegiado, de manera que en ese orden está decretado que la ciudad de Troya caiga, y nada podemos hacer.

–Lo que me sorprende es que para la época de Homero ya había otras culturas que sí tenían escritura, como por ejemplo Babilonia. ¿Cómo es que no llegó eso a los griegos?

–Buena pregunta. Hubo un primer contacto de los griegos con el mundo oriental. En ese primer contacto, ¿por qué no se pasó al lineal B? Yo tengo mi hipótesis: el gran invento, no superado hasta la actualidad, del alfabeto griego. Es el único producto cultural que no fue tocado desde 2500 años hasta ahora. No fue retocado para nada. Primero vamos a sacarnos un mito de encima: los griegos no inventaron signos para las vocales, eso ya existía en el lineal B. ¿Qué hicieron los griegos? Aislaron la consonante. Encontraron un signo tal que no implicaba que uno leyera, por ejemplo, como se hacía en el fenicio, “pa”, “pe”, “pi”, “po” o “pu”. Fueron los griegos, con un esfuerzo de abstracción enorme, los que aislaron las consonantes.

leonardomoledo.blogspot.com

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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